De la muerte y los libros
Me
resulta difícil poner buenos títulos a los artículos, pero esta vez he
encontrado dos palabras potentes y he logrado unirlas en una misma
frase, “de la muerte y los libros”; ahí queda eso. Cuando
desaparezca de este mundo de vivos quiero que me incineren y mis amigos
echen las cenizas al mar, en Punta Herminia, un día de invierno con
fuerte temporal; siento una insana satisfacción al pensar que los voy a
jo... incluso después de muerto. En su defecto, permito que usen mis
cenizas como abono para mi huerto, así un día, de mí saldrá una patata,
patata que alguien comerá, ese alguien me expulsará, viajaré por
tuberías hasta el rio, y el rio me llevará al mar que es lo que deseaba
desde un principio. Podría pensarse que son dos modos muy retorcidos de
llevar a cabo mi última voluntad, pero no, es simple y llanamente pura
gilipollez. Hay algo que me preocupa, el futuro de mis libros. No
me importa, cuando desaparezca, cuál va a ser el destino de mis DVDs,
ni si venderán como chatarra mi colección de coches antiguos que guardo
en el garajejejejeje..., pero mis libros son harina de otro costal. Es
posible que les tenga cariño. A Duna, mi gata, también le tengo un
cariño especial; a Moro, mi perro, no tanto. ¡Duna, ven aquí!... ni se
inmuta; ¡Moro, ven aquí!... y va el tonto y viene, un cruce de mastín y
pastor alemán que podría destrozarme en dos minutos y que me obedece...
a mí; cómo se puede tener en consideración a un animal que obedece al
hombre, o peor, a mí. Será por eso que quiero tanto a mis hijos y adoro
a A., por parecerse tanto a Duna y tan poco al Moro. (Te pones a
escribir, una frase llama a otra y acabas llegando a la mas estúpida de
las conclusiones). Un gato y un perro son animales, corresponden al
cariño con cariño; un libro es un objeto inanimado que ni siente ni
padece; por qué, entonces, les tengo tanto cariño? Eh? Están las almas
de los autores latentes entre las páginas y las abducimos como alliens
de poca monta? Eh? Antes de morir, Platón se despidió de sus libros
con estas palabras: “Padres míos dignos de reverencia y conductores y
luz de mi vida, de aquí en adelante no podré estar más con vosotros,
pues me voy con mi Dios, que me llama sin dilación. Os doy todo tipo de
gracias por el gran honor y corona y gracia que me habéis dado en el
mundo, y suplico a mi Dios y Señor que os ponga en manos de personas
que os amen y os honren y os busquen de todo corazón en todo momento
como yo he hecho toda mi vida”. Sí, está bien, yo lo diría con menos
prosopopeya, pero está bien. Me conformo con que no los vendan al peso,
ni los usen para encender chimeneas. Ojalá caigan en buenas manos.
|