 |
|
2 de Noviembre, 2006
Ya se nos fueron algunos
 Ahí les tenemos, mientras pensemos en ellos aún no se habrán ido del todo... La foto de Guillermo con la boina era de Mariví, no sé si os acordáis de ella. Era un amiga mía -ahora viuda desde hace algún tiempo- que durante algunos días, diría yo, fué un amor platónico de Guillermo o a la viceversa. Un día creo que se enfadaron y como resultado, ella desde allá rompió la foto. Yo la pude rescatar a tiempo y ahí está.
A Manolo Barcia espero que le recordemos todos. También se fué demasiado pronto.
De David no tengo fotos pero Jose seguro que le recuerda a menudo. De Jose María todos sabemos... y ayer se fué también para siempre un compañero mío de Pedagogía algo más joven que yo. Me enteré por la prensa... seremos ya tan mayores?... de algunos otros tengo fotos pero no os dareis cuenta de quiénes son así que no las pondré aquí ...
Direis que me estoy pasando escribiendo y recordando este tipo de cosas, pero es que el día de hoy es propicio para ello y, como os decía, la muerte ayer de un compañero de Pedagogía con el que tuve bastante relación me dejó pallá.
Les recuerdo con cariño y alegría y espero que allá donde estén, si es que están, estén muy bien. Lo espero de todo corazón. Amén.
|
Publicado por Caqués el 2 de Noviembre, 2006, 21:51
Comentarios 5
| Comentar
| Referencias (0)
|
18-6-06
El regreso
Heme
aquí, en una cafetería desangelada, despersonalizada, con un camarero y
un parroquiano lanzándome miradas furtivas cuyos ojos dicen bien a las
claras: ¡qué estúpido eres, tío!, a la vez que pienso: ¡qué estúpido
soy! Todo empezó con una rama en la carretera y la poca visibilidad
de la atardecida (alguna disculpa hay que poner); el coche pasó por
encima pero el amortiguador de la rueda delantera dejó la salud en el
empeño. Regresaba a casa después de pasar la semana trabajando
fuera... y mi gozo en un pozo por una puñetera rama que más parecía
tronco de árbol. Renqueando llegué hasta la villa mas próxima en donde
hice parada y fonda. (Conducir me relaja pero he comprobado que ir a 35
km/h durante más de 45 minutos me desquicia; a eso hay que añadirle el
temor a terminar el viaje en un vehículo con tres ruedas; incluso me
adelantó una bicicleta robada de un museo sobre la guerra civil
manejada por un paisano tan antiguo como su montura; vi como se
encorvaba un poco sobre el manillar para hacer más fuerza en los
pedales mientras una ligera sonrisa se dibujaba entre las arrugas de su
rostro; seguro que era la primera vez que tal par de antiguallas
rebasaban un automóvil en marcha, ¡mal rayo los parta! Tenía que
esperar hasta el día siguiente para arreglar los desperfectos por lo
que tomé habitación en un hostal, cené en el restaurante del mismo y
pasé a la cafetería; mi intención era tomarme un café tranquilamente y
sumergirme en la lectura de Milenio II que llevaba en el apéndice de
lona que me ha salido desde hace unos años. En esas tareas estaba
cuando se abrió la puerta de paso entre el hostal y la cafetería y
entró Ella. Descripción somera: 30 años, pelo teñido de fuego, piel
clara, rostro redondo (no podría calificarse como bello pero tampoco lo
contrario sin caer en la mentira), cuerpo con todo en abundancia pero
nada en exceso... vestía pantalones vaqueros que rellenaba por completo
y una camiseta que según fueran los movimientos de la portadora, igual
marcaban las formas que las disimulaba. Se sentó en una mesa cercana a
la mía (no podía ser de otra manera dadas las reducidas dimensiones del
local) y tras pedir un café al camarero abrió el bolso y extrajo un
libro, Milenio I (pastas azules el mío, pastas rojas el suyo); al
momento me miró sonriente mostrándome el libro, yo también sonreí (así
contado parece una tontería, pero no iba a ser la última ni la más
grave). Al terminar el café se levantó y vino a mi mesa.
............................................................................................................................................. He tenido que salir, ya no soportaba por más tiempo las miradas de ¿asombro, conmiseración, desprecio? De esos dos. Escribo mientras espero que los maragatos salgan a dar las horas, si es que salen de noche, como los gatos. Quería
hablar de Milenio, naturalmente; parecía tan entusiasmada con el libro
que no pude confesarle que era la única inversión en Vázquez Montalbán
de la que me había arrepentido. No me importaba cuál fuera el tema de
conversación mientras siguiera inclinándose hacia mí, para hacerse oír
mejor, y así atisbar el pearcing del ombligo a través del escote; llegó
a obsesionarme, ese pearcing; deseaba sentir la suavidad de la piel y
la dureza del metal en mis labios. Transcurrió el tiempo, los temas se
sucedían unos tras otros, vertiginosos, esquemáticos... estábamos
contentos de habernos conocido. Todo parecía indicar que la mañana nos
despertaría en la misma cama. “¿Te apetece subir a mi habitación a pasarlo bien?” En
los breves segundos que tardé en contestarle intenté averiguar por qué
no me gustaba la frase; llegué a la conclusión de que era demasiado
explícita, demasiado “rápida”, por el contrario, yo soy pausado y
ritualista. La contestación la tenía en mente aún antes de que hubiera
pronunciado la última palabra, se la había escuchado al protagonista de
una película, cuyo título no recuerdo, ante una proposición similar. “Quiero a mi mujer” Mientras la miraba marchar pedí mil veces perdón, quinientas por ella y quinientas por mí.
............................................................................................................................................. En la habitación del hostal conecté el portátil con la esperanza de encontrarme con M. en el espacio, pero no tuve suerte. Correo para M. Amo
tu cuerpo vivo, lleno de historia. Amo las ataduras que nos hacen
esclavos el uno del otro, hijos, deseos compartidos... Amo tu rostro de
ojos sonrientes, tantas veces besado. Amo tus pechos cansados, abatidos
por tantas caricias. Amo tu vientre ajado; lo he amado hasta el dolor
cuando la piel, de tan tirante, parecía llegar al límite de su
resistencia y daba la impresión de que la simple mirada podría
rasgarla. Amo tus piernas; sí, también tus piernas que caminan a la par
de las mías compartiendo sendas empinadas llenas de guijarros, provocan
traspiés y cansancio, y aquellas otras cuyo recorrido es un paseo sin
esfuerzo. Amo... creo que ha quedado claro ¡no? Hasta mañana que es hoy.
PD. ¿Cómo te verías con un pearcing en el ombligo? Piénsatelo.
|
Publicado por Javincho el 2 de Noviembre, 2006, 19:39
| Comentar
| Referencias (0)
|
31-5-06
Francisco, no Paco, Francisco
Traspasé
la puerta del tanatorio y allí estaba lo que me temía, uno al lado del
otro, hasta diez familiares del finado esperaban, endomingados y con
cara de circunstancias, recibir el pésame de amigos y conocidos de
Francisco “No Paco”. ¡Puñetera costumbre!. Soy incapaz de decir “lo
siento”, siempre me recuerda el chiste y, conociéndome, es muy probable
que sonriera en el momento de estrechar la mano; así mismo, , soy
incapaz de decir una frase hecha como “le acompaño en el sentimiento”,
me resulta completamente falsa. Me armo de valor y sin decir palabra
voy estrechando manos con cara de apenado y, con cada mano que estrecho
más cara de apenado tengo, hasta tal punto que cuando sólo me resta un
apretón, tengo tal “apenamiento” que las lágrimas asoman a mis ojos; el
pobre hombre coge mi mano con fuerza entre las dos suyas y me dice:”no
somos nadie”. El consolador consolado; no sé cómo me las arreglo pero
siempre acabo haciendo el paripé. Francisco murió... de lo que
mueren los mineros viejos, ayudado, tal vez, por las ingentes
cantidades de vino que trasegaba a lo largo de los días; yo soy de café
diario y diario ( se dice que la mitad de lo que dice el periódico es
mentira y la otra mitad no vale la pena leerla, por eso me gusta, por
lo que tenemos en común); de tarde en tarde mi café coincidía con
alguna estación de su vía crucis particular y hablábamos, o mejor
dicho, hablaba él; me contaba historias de la mina que había escuchado,
visto o protagonizado; según su estado etílico se las creía, se las
creía a medias o dormitaba sobre mi hombro. Francisco “No Paco” está
rodeado de mujeres enlutadas y llorosas y concluyo que soy incapaz de
entrar en esa sala para despedirme; espero que no tome en cuenta mi
cobardía, los años me han vuelto timorato y si algo me cuesta trabajo
siempre invento excusas que me convenzan para no hacerlo. Alguna vez
habíamos hablado de la muerte, “si no tienes miedo a la muerte es que
no le has visto la cara”; desde entonces he pensado demasiado en ella y
ahora le tengo pánico. Nos considerábamos agnósticos; yo le definía el
agnosticismo con palabras de los libros y él lo traducía a su manera:
“El agnóstico busca conocer la verdad de las cosas y está en contra de
las religiones porque imponen credos no demostrables basados en una fe
y se abstiene de emitir un juicio sobre la existencia de dios ya que no
se puede demostrar racionalmente que existe, pero tampoco que no
existe, pero en todo caso, no influye en el desenvolvimiento de la
sociedad”. “Ahí has hablado, chaval, las religiones son el opio del
pueblo y que dios exista o no, importa un pito”. Pues no tanto,
Francisco “No Paco”, me gustaría que Dios existiera (qué tristeza el
partir y el olvido) y desde algún lugar, no-lugar, o lo que sea, me
leyeras el pensamiento y sonrieras.
|
Publicado por Javincho el 2 de Noviembre, 2006, 19:32
| Comentar
| Referencias (0)
|
|
|
 |
|