Hoy, navegando por aquí he visto que las pastillas
juanolas de toda la vida -aquellas pequeñitas, negras, de regaliz, en forma de rombo- cumplen 100 años. Inmediatamente me asaltaron cientos de recuerdos preciosos de mi vida infantil y recordé también que hace unos días se celebraba la Santa Cecilia, patrona de los músicos.
Cuando era muy pequeñita, mi papá me llevaba con él muchas veces a los ensayos del orfeón al cual pertenecía, me hinché de escuchar ópera, zarzuela, canciones tradicionales del mundo y de mi tierra... para mí era divertido, supongo, a juzgar por el cariño con el que lo recuerdo todo. Agradezco que me llevase con él... otras veces íbamos mi mamá y yo a buscarle a la salida del ensayo y nos quedábamos un ratito escuchando y esperándole. Cuando salía, yo era la atracción de todos sus compañeros y compañeras, me querían mucho, supongo que porque los niños en aquel grupo éramos un bien escaso, quizás todos eran demasiado jóvenes o quizás sus hijos no acudían a esperarles... El caso es que sólo estaba yo allí representando a todos mis coetáneos. Aquellos cantores me besaban, me hacían cucamonas, me hablaban, me animaban a canturrear sus canciones, que yo sabía de memoria a fuerza de tanto escucharlas... Con el tiempo llegaba la representación o el concierto final... Era emocionante saberte en aquel mundo de mayores y ver cómo todo el mundo aplaudía a tu propio padre y felicitaba a su familia por serlo de él... Qué grande era mi papá!.
Mi papá era un adicto a las juanolas y yo no podía entender cómo un mayor se dedicaba con tanto entusiasmo a una golosina de pequeños, él decía que aquellas pastillitas eran buenas para la voz y de vez en cuando yo también las chupeteaba porque como más ricas sabían era chupeteándolas sin morder.
Cada año en Santa Cecilia nos reuníamos con las fuerzas vivas de la Villa y solíamos acudir todos muy engalanados a comer al mejor restaurante del lugar con el alcalde y otros señores que yo no recuerdo. Allí nuevamente todo el mundo me venía encima a hacerme cariños, cumplidos, halagos varios... Cómo no voy yo a tenerme en tan alta estima?. No hace mucho tiempo, mi mamá -que me conoce bien-, me regaló una cajita de madera con todas las fotografías de entonces, referidas a estas cosas que aquí os escribo... la emoción se hizo líquida en mis ojos, como ya habreis podido suponer, y aquí la tengo para echarle un vistazo ahora y compartirla un poquito con vosotros.
