|
Hace algún tiempo, quise prepararos un artículo sobre una urbanización revolucionaria de habitáculos sociales unipersonales ubicada en nuestra bella ciudad. Llevaban ya en su emplazamiento y listos para su uso y disfrute unos... tres o cuatro años, no puedo precisar. Imagino que para la inauguración estarían esperando alguna campaña electoral. Es lo que se dice siempre; yo ni afirmo ni desmiento. Los habitáculos, de línea cilíndrica ultravanguardista y situados en un lugar inmejorable de nuestra ciudad, eran estos:
:
.
.
.
,
,
,
,
,
,
,
,
Se rumoreaba -aunque esto es algo que nadie pudo comprobar- que los tales habitáculos se ofrecerían equipados con un kit mobiliario que constaría de: saco de dormir, cámping gas y foco con dinamo a pedades. Los servicios -comunes, eso sí- se encontrarían en el edificio anexo. Dispondrían también de amplio aparcamiento y bella zona ajardinada en perfecto estado de mantenimento. (Por cierto, saludos al jardinero, que no me estará leyendo). Al estar en primera línea de costa, la manutención estaría también asegurada; aunque, según dicen, la caña de pescar no entraría en la oferta. (No se lo iban a dar todo, claro). En las proximidades existe también una playa de aguas cristalinas que se puede disfrutar todo el año si se dispone del suficiente valor, traje de neopreno o panículo adiposo tipo foca.
Pero hete aquí que me ausento unos días de la ciudad y cuando vuelvo me encuentro esto:
.

.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Efectivamente..., ¡los habían retirado!
Al parecer, la decepción en la ciudad fue grande. Aunque en realidad el proyecto nunca se había publicitado ni ofertado, las listas de espera clandestinas eran un hecho. Tantas expectativas sin futuro, tantos planes truncados, tantas ilusiones rotas...
Según fuentes bien informadas, el motivo no fue otro que los requisitos exigidos por la proyectada nueva ley de vivienda de nuestro organismo autonómico, es decir: viviendas de no menos de cuarenta metros, orientación adecuada para favorecer el aprovechamiento energético, puertas y ventanas de dimensiones determinadas, estancias -en este caso sólo una- de no menos de cierta superficie... En fin, que los habitáculos no cumplían ni uno.
Y digo yo, qué es peor, que los políticos pasen de nosotros o que se metan absolutamente en todo. Seguro que los aspirantes a futuros moradores de los habitáculos se están acordando de la familia de más de uno, ¡que ahora tienen que dormir al raso!
A mí -aunque egoístamente, lo sé- el paisaje casi me gusta más así. Está como... más despejado, más limpito, más ordenado... Aunque, bueno, después de tantos años viéndolos a diario, mentiría si dijese que no los voy a echar un poco de menos, que a todo se le acaba cogiendo cariño.
NOTA:
Otro día os enseño lo que se ve a la derecha de uno de los reclamos turísticos de la ciudad, situado enfrente de los habitáculos.
|