La primera noche que pasamos en La Toscana, en San Gigminiano, salimos a conocer el pueblo sin gente, vacío de turistas. Era una delicia pasear por sus calles y plazas desiertas. No había ningún ser viviente en todo el pueblo, sólo luces que se reflejaban en los caminos empedrados y brillantes por el uso de siglos.
¿Dije ningún ser viviente? mentí: