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25 de Octubre, 2007
¡Jolines, eh!
Que digo yo, señor Boss, que ya está bien que la pobre PilitaB no pueda publicar. ¿A qué se debe esa discriminación? ¿No es un ser de dios como todos los demás seres de dios entre los cuales no me incluyo? La pobriña se queja amargamente día tras día, pero sus protestas ante vuecencia y ante san Oki son totalmente infructuosas. ¡Queremos un Boss que se encuentre operativo, ya! ¡Devolución de todos sus derechos a PiliB, ya! (Véase el dedo levantado en señal de amenaza). . . .
De lo contrario vamos a tener que encerrarlo tras las rejas para que se dedique a cantar todo el día la Guantanamera y a escribir diez mil veces diarias: "De cada lágrima tuya brotará una margarita amarilla y todo volverá a ser como era". P.D.: Por cierto, estoy deseando que encementen la Torre..., ¡a ver qué pasa! . . . .
....La margarita amarilla. Es que me he emocionado tanto, que me ha caído una lagrimita. Qué mona, ¿a que sí?
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Publicado por María el 25 de Octubre, 2007, 21:45
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Gente en ventanas. Natura contra natura
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Aquí se inicia una serie de gente en ventanas y balcones.
Gente del presente, no del pasado... o del futuro (como el pérfido inmortalizado -...¿he dicho inmortalizado?- por PiliB). Aunque también habrá gente que no es del todo gente. Pero se irá viendo.
En este caso la muchacha lectora y miope busca con avidez los rayos de sol. No porque el sol sea cicatero en esta parte del mundo, que estamos en el Trastévere, sino porque pinta que no debe ser fácil asomarse al resto de las ventanas, ni siquiera abrirlas. La propia naturaleza esforzándose en impedir el uso de energías renovables.
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Publicado por Bubela el 25 de Octubre, 2007, 13:27
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Bosque de farolas
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Este día sí llegué al paseo, y a mucho más, antes de que se apagaran las luces. El año pasado, por estas fechas, llegabas a esta altura y te morías de miedo y ahora parece un bosque de farolas. Huelga decir que lo prefería antes; ya sabéis que soy un poco montaraz.
No acabo de digerir demasiado bien todo este ajardinamiento del entorno de la Torre. Me gustaba pensar que quedaba un sitio medianamente salvaje, con tojos, galactites, bromos, aquileas, correhuelas, cuernecillos, armerias, fumarias, malvas, silenes, las preciosas margaritas amarillas presuntamente endémicas de la zona... Vamos, que me sentía yo como una romana de hace dos mil años cuando llegaba a los campos torreiros. Ahora ya no se sabe ni qué hay. Vaya, sí, metrosideros, tamarindos y uñas de gato, y claro, no me queda más remedio que sentirme australiana, como poco. Bueno, tampoco está mal. Los australianos son una gente muy singular. Eso dicen. Yo sólo conozco a uno y es bastante singular, sí, pero por lo buenísimo que está.
Y no quiero ni pensar lo que pasaría si nos declarasen la Torre monumento de la humanidad. Nos lo alicatan todo hasta el techo y ya no puedo ir con mis botitas de andarina, que seguro que no me dejan pasar los municipales porque quedo fea en el entorno. Voy a llorar.
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Publicado por María el 25 de Octubre, 2007, 0:12
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