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Hoy he recibido una carta. ¡Me encanta que ese mueble anacrónico, el buzón, sirva para algo de vez en cuando! Era una carta abultada, de una famosa empresa de créditos rápidos (telepáticos, incluso, diría yo). Muy abultada. Es una hermosa manera de acercar a los urbanitas los fantásticos bosques del amazonas. ¡Qué bucólico! Y en ella, amiguitos, me decían que he sido agraciada, sin pedirlo ni ná, con un crédito de 1.200€. ¡Bieeeeen! Muchas letras grandotas, y de colorines. Y también letras grises y pequeñitas en el reverso de uno de los pepeles. Todo muy bien explicadito. ¡Me lo leí todito!
Ahí os va una muestra, para que os muráis de envidia. Os la amplío unas 20 veces, porque siempre hay algún pejiguero que se queja de que no se leen las letras... ¡y es que hay gente pa'tó!:

Tanto es el afán de claridad, de no violación de la ley de publicidad engañosa, tanta la empatía con el cliente inesperado, que hasta explican la fórmula. ¡Cómo si hubiese alguien que no pudiera entenderla! ¡Animalitos!

¡Ay, qué contenta estoy!
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