Tiempo para el café
Si los asturianos tienen fama de saber montarse una juerga, D. Pelayo, primer asturiano de pro, no podía dejar de dar ejemplo, él, en quien todo es ejemplar.
No todo va a ser guerrear, piensa el combativo rey
y entre pelea y pelea con el moro, el jefe, la mujer, el perro, los hijos...
nada mejor que remojarse el gaznate con unos culines de sidrina bien fresca ,
mientras se cuentan chanzas y filosofías de chigre con los camaradas de armas.
Mientras alza los ojos al cielo para mejor observar la inclinación de la botella, observa, en lo alto del Cerro de Santa Catalina, atalaya de Gijón, un objeto extraño que no supo identificar.
Preguntó a los amigotes qué era aquello que emergía sobre lo más alto de Cimadevilla. Respondiéronle estos que era una obra de Maese Chillida, que habíale puesto el nombre de "Elogio del Horizonte", que estaba construido en hormigón, pesaba 500 kilos y medía 10 metros de altura. Pomposo nombre, vive dios. Y ¿adónde está el elogio?. Volvió a preguntar el rey. Pues no lo sabemos, Mi Señor - respondieron- ni nosotros ni ningún otro gijonés que camine sobre la tierra o navegue sobre el mar, por esto lo hemos rebautizado como "El Váter de King-Kong". Al rey le satisfizo el prosaico título y propuso: "Considerando el sabio sentido del humor de los gijonenses, ordeno, que todos los años, tal día como hoy, 31 de agosto, corra la sidra de forma gratuita por las gargantas de los agudos ciudadanos de tan insigne villa".
Y esta es la historia falsa de cómo se institucionalizó en Gijón el Día de la Sidra.
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Publicado por Xbier el 5 de Septiembre, 2008, 16:57
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